Cuentos de Vellonera (reseña de libro)

Pocas veces me puedo leer un libro de una “sentá”. Me gusta prolongar el tiempo en que comparto con un libro. Me gusta digerirlos poco a poco. Que me acompañen en lo que hago otras cosas cotidianas, seguir pensándolos y anticipando que mas encierran sus páginas.

 

Eso no pude hacerlo con Cuentos de Vellonera, de Ricardo Santana Ortiz quién además de escritor, es director de teatro, actor, y maquillista teatral, con una carrera de más de veinte años. El libro llegó a mis manos en forma de regalo durante una de las presentaciones del Festival de la Palabra en Nueva York. Inmediatamente reconocí el sello y presencia de Erizo Editorial que ya en su corta existencia ha publicado libros muy buenos y necesarios. Reconocí el nombre del autor, Ricardo Santana Ortiz, cómo miembro de Homoerótica. Homoerótica fue un colectivo de escritores que recientemente se disolvió. De hecho, me doy cuenta que es la primera vez que escribo en pasado en referencia al Colectivo el cual reunió en su momento jóvenes escritoras y escritores que han hecho impacto tanto en mi vida cómo en la escena cultural de Puerto Rico. Homoerótica le dió visibilidad constante a lo Queer en el entorno cultural de Puerto Rico, realizando tanto lecturas de poesía y narrativa breve, lecturas cortas, como conferencias de interés general y talleres literarios en espacios hasta entonces des-habitados por la escritura Queer. De hecho la Antología final, incluye colaboraciones de escritores y escritoras de México, Argentina, Chile países donde también se distribuirá contribuirá a esos espacios culturales.

 

Vellonera portadaCuentos de Vellonera es una colección de cuentos rica en experiencias y comunicaciones humanas. Sus escenarios, no son exóticos, ni únicos, al contrario, son escenarios en los que el lector o lectora, sin duda alguna, alguna vez se habrá encontrado. El poder enmarcar el caudal de experiencias y vivencias que, junto con sus escenarios geográficos, nos construyen (aún cuando parecen destruirnos) es uno de los mejores logros de este libro. Piense el lector, ¿no es a veces ese cúmulo de experiencias, tan desgarradoras, cómo románticas e inolvidables, las que nos llevan a pararnos frente a una vellonera y las que determinan que canciones vamos a escoger? ¿No es en esas velloneras, que escogemos esas canciones eternas, que nos recuerdan y ayudan a vivir, aquel dolor amargo, aquel amor perdido, aquella juventud que se nos va? Las asociaciones entre la selección de canciones que escogemos y la experiencia que nos pudieran recordar son múltiples.

 

Esta colección de cuentos, tan independientes cómo íntimamente unidos nos presentan una historia, mayor que la suma de sus cuentos. Poco a poco develando un personaje mas completo, multi-dimensional, cuya niñez, educación, trabajo y noches, le acompañan y lo forman, o de-forman. Y para mi, ese es uno de los mayores logros de Cuentos de Vellonera, el que reconozcamos que los y las sujetos que vemos frente a la vellonera, con el trago o el taco de billar en mano, no están solas, o solos, tienen una historia que les acompaña y les ayuda en la selección de música. El vecino ignorante de nuestra niñez, el chisme cruel, la vergüenza, la escuela opresiva, la noche de amor efímero, la noche que “borramos cinta” y la vecina enemiga que cuando necesitamos nos extiende la mano, y la violencia, inciden en nuestra selección de canciones de formas subliminales. Ricardo Santana Cruz nos demuestra, que en la barra de mala muerte, lo interesante no es el “cortarse las venas” frente a la vellonera, sino él cómo nos las cortamos (las canciones) y el porqué (las vivencias.)

 

No escapa el fuerte componente de clase, que permea estos Cuentos de Vellonera. En Puerto Rico, las diferentes clases sociales, se encuentran muy separadas en los hoteles, en las funciones teatrales o restaurantes y múltiples actividades sociales, en urbanizaciones y/o areas geográficas que se dividen de acuerdo a su costo y prestigio social. Sin embargo, tarde en la noche, en las cunetas, en bares de mala muerte, nos encontramos todos y todas. Tal vez bebiendo, tal vez jugando billar, tal vez copulando, las cunetas ha sido un efímero igualador, a veces violento, pues una separación tan violenta de clases requiere muchas veces igual violencia para que al menos por unas horas o minutos aceptemos cómo cierta la ilusión de que han desaparecido.

 

El Yahaira’s de Cuento de Vellonera es uno de los muchos Yahaira’s que existen en Puerto Rico. Los mas “antiguos” tal vez recordamos el “Marysol” en una esquina cercana a Bachelor, dónde coincidíamos todos y todas con el simple propósito de extender la noche un póco mas de tiempo. Extender la noche para disfrutar de sus famosas “milanesas” y bajar la nota para poder guiar. O extender la noche para poder darte un trago mas, extender la noche para encontrar el amor que que no pudiste encontrar en la disco. Y allí se mezclaban, casi sin mezclarse, chicos disco, travestis, trabajadoras sexuales, trabajadores de la industria Disco, tanto straight, cómo gay, trabajadores de los casinos, aquel que buscaba bajar la nota de perico, aquella que la novia la dejó y quería otra, todos y todas simplemente porque no sabíamos como llegar solos o solas a nuestras casas. El mismo grupo a veces que también llegaba a la 15, cuando todavía existía EL Danubio Azul, Gente en pós de una carcajada mas, el juego de billar para bajar la nota, un traguito mas o tal vez el amor, el amor que será tan eterno, cómo las horas que preceden la madrugada.

 

Es por eso que existió Yahaira, al lado de Krash, Marisol al lado de Bachelor, y tantos otros Yahaira’s y Marisol, para que pudieran juntarse bajo un mismo techo diferentes secciones del entricado nocturno y converger y encontrar de alguna manera la satisfacción del convivir humano, sin las pretensiones que impone la disco, sin el protocolo que imponen las profesiones y estaturas sociales, dónde un poco el género y las orientaciones diluyen y borran las barreras que de día en otros espacios nos imponen.

 

Ricardo Santana Ortíz, nos dá de todo en sus Cuentos de Vellonera, desde los conocidos, y a veces queridos hombres, que no necesitan de una fastidiosa identidad para acostarse con nosotros, o con sus esposas, hasta la hermandad entre dos mujeres que no comparten la misma genitalia pero si comparten la misma historia de violencia y opresión de género. Cuentos de vellonera nos puede hacer apreciar tanto un efímero momento de solidaridad entre vecinos cómo la crueldad que otros vecinos infligen unas a los otros, tal vez, a través de la mirada de un niño queer que en su terrible responsabilidad de proteger su hermano asume las responsabilidades de los adultos desde entonces para siempre. Cuentos de vellonera nos habla de políticos arrogantes y patriarcas asesinos. Y también habla de sobrevivientes, Cuentos de vellonera no habla de víctimas, sino de sobrevivientes, y habla de aquellos que tal vez debieron usar la navaja gem para sus venas pero terminamos usando los discos de la vellonera para que el sangrado fuera mas lento y duradero y el recuerdo más llevadero.

 

Los cuentos son todos cortos. Y me pregunto si así lo son, porque también son cortos los momentos en que podemos atisbar desde el presente a esos procesos que nos forman y constituyen en el pasado. Porque tal vez, es corta y efímera la solidaridad o el bullying que igual nos marca para el resto de la vida. Ciertamente, cuando terminé de leer este libro de cuentos cortos, reconocí que había leído dos libros. Uno de ellos, en su brevedad nos narra experiencias, cortas pero que marcan, experiencias que nos llevan a querer cortarnos las venas, algunas veces con una gem, muchas veces con pesetas frente a la vellonera, que ya no coge vellones. Pero también hay otro libro y es el libro que nos revela cuán fuertes, solidarios, y hermosos, pueden ser los seres humanos formados por el dolor. No importa cómo lo lea, el lector o lectora habrá ganado un montón leyendo este libro.

 

Originalmente publicado y escrito para En Rojo, revista cultural del semanario Claridad.

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