Cuentos de Vellonera (reseña de libro)

Pocas veces me puedo leer un libro de una “sentá”. Me gusta prolongar el tiempo en que comparto con un libro. Me gusta digerirlos poco a poco. Que me acompañen en lo que hago otras cosas cotidianas, seguir pensándolos y anticipando que mas encierran sus páginas.

 

Eso no pude hacerlo con Cuentos de Vellonera, de Ricardo Santana Ortiz quién además de escritor, es director de teatro, actor, y maquillista teatral, con una carrera de más de veinte años. El libro llegó a mis manos en forma de regalo durante una de las presentaciones del Festival de la Palabra en Nueva York. Inmediatamente reconocí el sello y presencia de Erizo Editorial que ya en su corta existencia ha publicado libros muy buenos y necesarios. Reconocí el nombre del autor, Ricardo Santana Ortiz, cómo miembro de Homoerótica. Homoerótica fue un colectivo de escritores que recientemente se disolvió. De hecho, me doy cuenta que es la primera vez que escribo en pasado en referencia al Colectivo el cual reunió en su momento jóvenes escritoras y escritores que han hecho impacto tanto en mi vida cómo en la escena cultural de Puerto Rico. Homoerótica le dió visibilidad constante a lo Queer en el entorno cultural de Puerto Rico, realizando tanto lecturas de poesía y narrativa breve, lecturas cortas, como conferencias de interés general y talleres literarios en espacios hasta entonces des-habitados por la escritura Queer. De hecho la Antología final, incluye colaboraciones de escritores y escritoras de México, Argentina, Chile países donde también se distribuirá contribuirá a esos espacios culturales.

 

Vellonera portadaCuentos de Vellonera es una colección de cuentos rica en experiencias y comunicaciones humanas. Sus escenarios, no son exóticos, ni únicos, al contrario, son escenarios en los que el lector o lectora, sin duda alguna, alguna vez se habrá encontrado. El poder enmarcar el caudal de experiencias y vivencias que, junto con sus escenarios geográficos, nos construyen (aún cuando parecen destruirnos) es uno de los mejores logros de este libro. Piense el lector, ¿no es a veces ese cúmulo de experiencias, tan desgarradoras, cómo románticas e inolvidables, las que nos llevan a pararnos frente a una vellonera y las que determinan que canciones vamos a escoger? ¿No es en esas velloneras, que escogemos esas canciones eternas, que nos recuerdan y ayudan a vivir, aquel dolor amargo, aquel amor perdido, aquella juventud que se nos va? Las asociaciones entre la selección de canciones que escogemos y la experiencia que nos pudieran recordar son múltiples.

 

Esta colección de cuentos, tan independientes cómo íntimamente unidos nos presentan una historia, mayor que la suma de sus cuentos. Poco a poco develando un personaje mas completo, multi-dimensional, cuya niñez, educación, trabajo y noches, le acompañan y lo forman, o de-forman. Y para mi, ese es uno de los mayores logros de Cuentos de Vellonera, el que reconozcamos que los y las sujetos que vemos frente a la vellonera, con el trago o el taco de billar en mano, no están solas, o solos, tienen una historia que les acompaña y les ayuda en la selección de música. El vecino ignorante de nuestra niñez, el chisme cruel, la vergüenza, la escuela opresiva, la noche de amor efímero, la noche que “borramos cinta” y la vecina enemiga que cuando necesitamos nos extiende la mano, y la violencia, inciden en nuestra selección de canciones de formas subliminales. Ricardo Santana Cruz nos demuestra, que en la barra de mala muerte, lo interesante no es el “cortarse las venas” frente a la vellonera, sino él cómo nos las cortamos (las canciones) y el porqué (las vivencias.)

 

No escapa el fuerte componente de clase, que permea estos Cuentos de Vellonera. En Puerto Rico, las diferentes clases sociales, se encuentran muy separadas en los hoteles, en las funciones teatrales o restaurantes y múltiples actividades sociales, en urbanizaciones y/o areas geográficas que se dividen de acuerdo a su costo y prestigio social. Sin embargo, tarde en la noche, en las cunetas, en bares de mala muerte, nos encontramos todos y todas. Tal vez bebiendo, tal vez jugando billar, tal vez copulando, las cunetas ha sido un efímero igualador, a veces violento, pues una separación tan violenta de clases requiere muchas veces igual violencia para que al menos por unas horas o minutos aceptemos cómo cierta la ilusión de que han desaparecido.

 

El Yahaira’s de Cuento de Vellonera es uno de los muchos Yahaira’s que existen en Puerto Rico. Los mas “antiguos” tal vez recordamos el “Marysol” en una esquina cercana a Bachelor, dónde coincidíamos todos y todas con el simple propósito de extender la noche un póco mas de tiempo. Extender la noche para disfrutar de sus famosas “milanesas” y bajar la nota para poder guiar. O extender la noche para poder darte un trago mas, extender la noche para encontrar el amor que que no pudiste encontrar en la disco. Y allí se mezclaban, casi sin mezclarse, chicos disco, travestis, trabajadoras sexuales, trabajadores de la industria Disco, tanto straight, cómo gay, trabajadores de los casinos, aquel que buscaba bajar la nota de perico, aquella que la novia la dejó y quería otra, todos y todas simplemente porque no sabíamos como llegar solos o solas a nuestras casas. El mismo grupo a veces que también llegaba a la 15, cuando todavía existía EL Danubio Azul, Gente en pós de una carcajada mas, el juego de billar para bajar la nota, un traguito mas o tal vez el amor, el amor que será tan eterno, cómo las horas que preceden la madrugada.

 

Es por eso que existió Yahaira, al lado de Krash, Marisol al lado de Bachelor, y tantos otros Yahaira’s y Marisol, para que pudieran juntarse bajo un mismo techo diferentes secciones del entricado nocturno y converger y encontrar de alguna manera la satisfacción del convivir humano, sin las pretensiones que impone la disco, sin el protocolo que imponen las profesiones y estaturas sociales, dónde un poco el género y las orientaciones diluyen y borran las barreras que de día en otros espacios nos imponen.

 

Ricardo Santana Ortíz, nos dá de todo en sus Cuentos de Vellonera, desde los conocidos, y a veces queridos hombres, que no necesitan de una fastidiosa identidad para acostarse con nosotros, o con sus esposas, hasta la hermandad entre dos mujeres que no comparten la misma genitalia pero si comparten la misma historia de violencia y opresión de género. Cuentos de vellonera nos puede hacer apreciar tanto un efímero momento de solidaridad entre vecinos cómo la crueldad que otros vecinos infligen unas a los otros, tal vez, a través de la mirada de un niño queer que en su terrible responsabilidad de proteger su hermano asume las responsabilidades de los adultos desde entonces para siempre. Cuentos de vellonera nos habla de políticos arrogantes y patriarcas asesinos. Y también habla de sobrevivientes, Cuentos de vellonera no habla de víctimas, sino de sobrevivientes, y habla de aquellos que tal vez debieron usar la navaja gem para sus venas pero terminamos usando los discos de la vellonera para que el sangrado fuera mas lento y duradero y el recuerdo más llevadero.

 

Los cuentos son todos cortos. Y me pregunto si así lo son, porque también son cortos los momentos en que podemos atisbar desde el presente a esos procesos que nos forman y constituyen en el pasado. Porque tal vez, es corta y efímera la solidaridad o el bullying que igual nos marca para el resto de la vida. Ciertamente, cuando terminé de leer este libro de cuentos cortos, reconocí que había leído dos libros. Uno de ellos, en su brevedad nos narra experiencias, cortas pero que marcan, experiencias que nos llevan a querer cortarnos las venas, algunas veces con una gem, muchas veces con pesetas frente a la vellonera, que ya no coge vellones. Pero también hay otro libro y es el libro que nos revela cuán fuertes, solidarios, y hermosos, pueden ser los seres humanos formados por el dolor. No importa cómo lo lea, el lector o lectora habrá ganado un montón leyendo este libro.

 

Originalmente publicado y escrito para En Rojo, revista cultural del semanario Claridad.

Entrevista sobre éxito de Boicot a la Comay

Entrevista que me hiciera Pedro Biaggi para Radio Zol/ CBS Latino sobre el éxito del Boicot a La Comay.

Comay out of WAPA

 

Entrevista sobre Demanda a donante esperma

Entrevista que me hiciera Pedro Biaggi para Radio Zol/ CBS Latino sobre la demanda que presentara Kansas contra un donante de esperma reclamando pensión alimenticia.

Entrevista Yoryie sobre demanda a donante

Orlando Cruz “El fenómeno” de su visibilidad

Como ni el arte ni la literatura pueden jugar en la cancha de lo literal  (siempre son lenguajes figurados), ocurre que artistas y escritores que sean o no parte de la comunidad LGBTT pueden ser gestores de lo queer. Lo trágico es amputar a los LGBTT de su propia comunidad, al borrar el signo de su expresión artística queer. Not kool.
Lilliana Ramos-Collado – conversación en FaceBook

Eso es de esperarse. Cada vez que una figura pública sale del clóset como gay. Cinco o seis salen del clóset como idiotas. No les voy a dar más espacio en esta columna.

Inesperadamente el boxeador Orlando “El Fenómeno” Cruz anunció al mundo que es homosexual. Este acto lo convirtió en el primer boxeador activo que declara ser gay. Uno lee la noticia y confieso que sentí que los ojos se me salían de sus cuencas. Respiré hondo y pensé “ahora a esperar las reacciones”. Para mi sorpresa las reacciones iniciales e importantes fueron en su mayoría positivas. La prensa, con sus limitaciones y aún perpetuando estereotipos, ha cubierto el evento un poco mejor de lo que han cubierto este tipo de noticias en el pasado. Noticel, para mí, se ha destacado en su cobertura, tanto la entrevista a Orlando Cruz, como la cobertura de las reacciones de otros boxeadores y/o personal deportivo ha sido muy buena.También en general ha sido un buen proceso educativo. Tanto los medios como muchas discusiones en las redes sociales han provisto foro para hablar sobre el machismo en el boxeo. Se ha expresado y demostrado que hay espacio para cambio en el boxeo y los comentaristas deportivos que he escuchado han sido solidarios y respetuosos. Digo en general, para cuando esta columna salga, ya un programa basura de Univisión y su basura de comentarista habrán presentado la nota discordante y chabacana. Eso es de esperarse. Cada vez que una figura pública sale del clóset como gay. Cinco o seis salen del clóset como idiotas. No les voy a dar más espacio en esta columna.

Quiero, sin embargo, discutir esa tendencia que ya he discutido antes en este espacio, de algunas personas de tratar de borrar las contribuciones de las personas LGBT a la sociedad, ya sea en el arte, la política, el deporte, etcétera. Y quiero apuntar a esas contradicciones, que para mí revelan, que si no hay homofobia en esa actitud, por lo menos apuntan a una incomodidad con hablar del tema. Me refiero a ese sector que incomodo, o tal vez molesto, protestan por la “salida” del clóset. Son los que cuestionan, ¿Por qué salir del clóset si eso no tiene que ver nada con el boxeo?; ¿lo importante es que sepa boxear, no me importa mas nada?; ¿Para hablar de boxeo se habla de técnica de peleas, no me importa si el boxeador es gay o straight?

Estos comentarios no son cónsonos o conformes con las reacciones que tenemos a eventos históricos donde resaltamos y celebramos partes de la identidad de alguna persona que realmente no parecen tener relación con el evento que da pie a la historia. Me parece que este cuestionar de la decisión de Orlando Cruz de salir del clóset y convertirse así en el primer boxeador abiertamente gay en el mundo deportivo evidencia una incapacidad de entender lo que significa para la comunidad LGBT en Puerto Rico primero, pero también en el mundo del deporte, nuestro (sí, dije nuestro) primer boxeador gay. En un terreno donde todos asumían que no podíamos convivir o existir. Varios ejemplos vienen a la mente.

Cada vez que Roberto Clemente metía un cuadrangular, ¿Nos importaba sólo que supiera jugar pelota, o nos importaba también que fuera puertorriqueño? ¿Qué hubiéramos contestado si nos hubieran dicho que su identidad nacional, no debía ser relevante para nosotros y nosotras? ¿O que sus triunfos eran de su equipo y no de los puertorriqueños? En una época de gran violencia racial y discrimen. Cuando Sonia Sotomayor, entra a la Corte Suprema de EEUU. ¿Sólo era relevante que supiera de Derecho? ¿Para nadie fue importante y relevante comentar que es mujer? ¿Para nadie fue importante comentar que la primera persona latina en entrar al Tribunal Supremo de EEUU es Puertorriqueña? De hecho, la gente del Bronx celebró que fuera una de las suyas, quien hubiera sido seleccionada. Nadie se hubiera imaginado que una boricua del Bronx pudiera entrar al Tribunal Supremo de EEUU. José Ferrer fue el primer latino en ganar el Oscar, ¿No corrieron los puertorriqueños para reclamarlo? ¿No era importante, que una academia que prácticamente sólo reconocía el trabajo de actores y actrices blancas por fín había tenido que reconocer las contribuciones de un Latino, y no se sintió mucha gente honrada de que ese latino fuera puertorriqueño? Rita Moreno es la primera MUJER y la primera latina que ganó un Oscar, un Tony, un Emmy y un Grammy. ¿Pregunto de nuevo? Nilita Vientos Gastón fue la primera mujer abogada que trabajó con el Departamento de Justicia, hay hasta un premio que se otorga a otras mujeres por su labor feminista cónsona con el trabajo de Viéntos-Gastón.


Lucecita Benitez, en la época donde había una persecución feroz contra independentistas, se identificó como independentista, arriesgando su carrera, su trabajo, su fama. Y de nuevo se oyeron las voces “ella es una cantante, porqué tiene que hablar de política”


La historia está llena de “primeras y primeros”. Celebraron los afroamericanos cuando Fritz Pollard y Bobby Marshall se convirtieron en los primeros afroamericanos en jugar con el NFL. Bessie Coleman fue la primera mujer con licencia de piloto en EEUU. Triunfo doble porque también era negra afroamericana. Nadie descartaría eso como importante o como no relevante. A los cagüeños les encanta reclamar a Abelardo Díaz Alfaro, los adjunteños reclaman que Arístides A. Moll, escribió el primer libro de poesía modernista, Mi misa rosa, 1905 y a Fernando Luis Báez, el primer puertorriqueño en ganar Medalla de Oro en los Juegos Panamericanos. Hasta un estadio se hizo para Hiram Bithorn, primer puertorriqueño que entró a las grandes ligas. De hecho, todavía en Caguas se habla con orgullo de la primera mujer, Socorro Millán, que jugó pelota profesional con hombres. En un juego precisamente de Puerto Rico contra EUA. Lucecita Benitez, en la época donde había una persecución feroz contra independentistas, se identificó como independentista, arriesgando su carrera, su trabajo, su fama. Y de nuevo se oyeron las voces “ella es una cantante, porqué tiene que hablar de política” ¿Cómo se sintieron los independentistas cuando escuchaban esas objeciones?

¿Por qué entonces, se nos niega a la comunidad LGBT, la alegría de ver uno de los “nuestros” destacarse? ¿Por qué se nos niega que celebremos sus contribuciones a la sociedad, en este caso al deporte? Se me ocurren dos posibilidades. Una ya la he mencionado, la incomodidad que a muchas y muchos les causa el tener que hablar de “sexo”. Porque ése es el imaginario que tienen de lo que es ser homosexual o lesbiana. Porque mucha gente escucha la palabra “gay o lesbiana” y la imagen que reciben les incomoda, ¿tal vez, dos hombres sudorosos en una cama besándose, dos mujeres recibiendo placer sin necesidad de un pene? No sé qué piensa la gente cuando oye esa palabra que les molesta que se diga. La otra razón que me viene a la mente, es que todavía no se nos reconoce como comunidad discriminada socialmente. Todavía no se nos reconoce la necesidad que tenemos de llenar todos esos espacios ciudadanos y civiles de los cuales consistentemente se nos ha excluido. Todavía no se percibe que es necesario, para que sobrevivamos como ciudadanos y ciudadanas plenas, que se conozcan y reconozcan nuestras contribuciones a lo civil, a lo político, a la cultura.

En Puerto Rico, donde tanto los sectores fundamentalistas con amplio acceso a los medios y el actual gobierno desesperadamente tratan de presentarnos como una amenaza a la sociedad, como una amenaza a la familia, como torcidos y degenerados. Hace falta que se reconozcan públicamente nuestras muchas y constantes contribuciones al entorno sociocultural. Sobre todo, en el deporte del boxeo que tanta gente consideraba (ya no más) exclusivo de los hombres. La semana pasada Orlando Cruz representó a Puerto Rico de nuevo, contra un mexicano. Y una vez más consiguió un triunfo por decisión unánime. Es bueno que celebremos el triunfo de Puerto Rico en esa pelea. Como también es bueno que se sepa que ese triunfo se lo dió a Puerto Rico, un hombre, orgullosamente Puertorriqueño, y orgullosamente gay.


Verónica Rivera Torres, José Oquendo, y Lola Aponte contribuyeron con sugerencias a este ensayo al igual que muchas y muchos compañerxs de FaceBook de quienes estoy agradecido.

 

Publicado: originalmente en En Rojo el lunes, 29 de octubre de 2012
 http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=C5764143F7B5E572DF0EB5A4EB00E772

El problema es Joe Ramos

Joe-Kobbo

 

*Luego de ver su conferencia de prensa ayer, he llegado a una conclusión, el problema es Joe Ramos.

No hay atrechos, Joe Ramos simplemente no entiende. El mas firme defensor de Kobo Santarrosa, el hombre que ha ayudado y protegido a Kobo Santarrosa mientras continuamente se aumenta su jugoso salario, simplemente no entiende el boicot. Fue muy triste ver su conferencia de prensa en donde anunció que el programa será “supervisado” y pre-grabado, y luego demandó que se detuviera el boicot. Joe Ramos alega que luego de dos semanas el ya no puede mas y dice que “suficiente es suficiente”. Sin embargo, en ningún momento pidió disculpas ni reconoció que por 14 años nos ha estado enfermando con esa marioneta misógina, racista y homofóbica. Si, Joe Ramos, suficiente es suficiente. Desafortunadamente, su meta no es corregir las cosas, sino detener el boicot. Esto es muy poco y también llega muy tarde. Lo que ofrece es mas de lo mismo; un “manotazo” a Kobbo mientras le sigue aumentando su millonario salario. ¿Cuánto mas le pagará a Kobbo Santarrosa y Héctor Travieso este año por fomentar el racismo, la homofobia y la misoginia a nuestros niños y adolescentes? ¿Cuánto mas por continuar arruinando reputaciones y pasando juicio sobre ciudadanos privados que no tienen los recursos para combatir los abogados de WAPA TV?

Joe Ramos tampoco entiende qué es lo que causa el dolor, la pena y la rabia de los casi 75,000 personas que hemos trabajado incansablemente en el boicot. Continuamente intenta evadir y minimizar nuestros argumentos; dice que somos emocionales, que tenemos ansias de protagonismo y que nos gusta la atención de los medios, etc.

Sr. Ramos, aunque no me lo ha solicitado, le voy a dar un consejo porque no aguanto ver otra conferencia de prensa y verlo comportarse como una personas que no sabe que camión lo impactó. La próxima vez usted debe mirar hacia la cámara y decir:

“WAPA está comprometido a respetar a todos los seres humanos y tiene CERO TOLERANCIA al racismo, sexismo, xenofobia y homofobia es sus programas. En WAPA estamos determinados a proveer entretenimiento de calidad a todas las personas que viven en Puerto Rico y en cualquier lugar en donde seamos vistos, y estamos determinados a promover la paz y la solidaridad entre nuestra audiencia. Es un nuevo comienzo, vamos a hacerlos juntos”.

Claro, sería noble de su parte que también diga que las personas negras no son mono y que las mujeres gordas merecen un respeto y que a las personas homosexuales no se les llama patos y las mujeres de edad avanzada no son momias y que el HIV no será utilizado como un epíteto. Todo esto caracteriza al programa que tanto defiende pero según usted sobre esto no podemos hablar, solo podemos hablar de las cosas buenas. ¿También deberíamos solo hablar de las cosas buenas del Ku Klux Klan y las cosas buenas de la Iglesia Bautista de Westboro?

¿Ven? El problema es que Joe Ramos no puede tan siquiera pronunciar las palabras: RACISMO, SEXISMO, XENOFOBIA, HOMOFOBIA. Yo nunca lo he escuchado decir estas palabras; ni siquiera una sola vez. El prefiere hablar sobre no ofender a “ciertos grupos” o balbucear que “Kobbo no hace eso” pero ni siquiera puede intentar hablar sobre las mismas cosas que nosotros hablamos. El no se siente cómodo hablando el lenguaje del boicot. ¿Cómo podemos saber que realmente nos está escuchando?

Nosotros necesitamos un comunicado que claramente exprese que WAPA esta comprometido con Puerto Rico; que WAPA esta comprometido con parar de llenar nuestras ondas audiovisuales (NO las de Joe Ramos) con RACISMO, SEXISMO, XENOFOBIA Y HOMOFOBIA. Hable sobre esto, pronúncielo, dele la cara al problema y trabaje para erradicarlo. Si Joe Ramos no puede comprometer a WAPA a honrar esto y por el contrario solo ofrece continuar dándole “manotazos” a Kobbo, a la misma vez que continua aumentando su salario, entonces en este punto Joe Ramos, y solo Joe Ramos, es el responsable del boicot.

*Traducción por miembrx de Boicot a La Comay de Facebook (muy agradecido!)

Yo soy el boicot

 

 

Fotomontaje de 80Grados Concepto Cyborg Yoryie

Fotomontaje de 80Grados Concepto Cyborg Yoryie

No, no lo soy. Soy simplemente una de las 73,500 personas que apoyamos el boicot a Super Xclusivo, el programa de WAPA televisión donde rutinariamente se mofan de homosexuales y lesbianas, de mujeres que no son flacas, de personas que pierden sus hogares, se les llama monos a personas de piel negra y se acusa a personas asesinadas de buscarse la muerte. El programa donde se asesinan reputaciones de vivos y muertos. Un foco de in-solidaridad y desprecio a la otredad y a la diferencia. Un “bully pulpit” parecido al de Glenn Beck o Rush Limbaugh y que convierte a WAPA en nuestro FOX boricua.

Me uní al boicot el 14 de Diciembre a las 11:14 pm; fui el “like” #127. Ya para la 1:00 am éramos quinientos. 292 de mis amistades en Facebook se han unido al boicot. He escrito mensajes a los auspiciadores pidiendo que no auspicien este tipo de programa donde se fomenta el odio y la in-solidaridad. También he escrito mensajes apoyando a los más de 40 auspiciadores que ya se han retirado o aclarado que no se anuncian ni anunciarán en dicho programa. He solicitado a mis amistades y familiares que se unan al boicot, he tuitiado mi apoyo al boicot y re-tuitiado muchos de los excelentes artículos publicados en apoyo del boicot y esclareciendo términos. También he debatido muchas veces en Facebook sobre los méritos del boicot.

El debate sobre argumentos a favor o en contra ha sido lo más difícil. Hace ya mucho tiempo en Puerto Rico, antes de debatir cualquier asunto, hay que debatir sobre la persona que lleva el mensaje, sobre el “mensajero”. De la misma forma en que Antulio Santarrosa asesina reputaciones sin reflexión, sus apologistas se han negado a respetar a los que participamos del boicot. Es muy frecuente en la página de Boicot a La Comay la entrada de individuos llamándonos idiotas, estúpidos y otros insultos y que evitan debatir los argumentos de los que creemos en el boicot. Además, irracionalmente sugieren cuáles son los boicots que deberíamos hacer, cuáles son los “verdaderos” problemas sociales que debemos atender y nos acusan de que por nuestra culpa no se esclarecerá “el caso de Lorenzo.” Continue Reading »Yo soy el boicot

The problem is Joe Ramos

 

 

After watching your press conference yesterday, I arrived to a conclusion, the problem is Joe Ramos.

 

There is no shortcut around it, Joe Ramos does not get it. The staunchest defender of Kobbo Santarrosa, the man that has defended and protected Kobbo Santarrosa while continuously raising his hefty salary, does not get the boycott. It was very sad to watch his press conference. Joe Ramos announced that the program will be “supervised” and pre-recorded, and then demanded that the boycott stops. Joe Ramos, claimed he can’t take it any longer after two weeks, and demands that “enough is enough.” However, he did not apologize or even acknowledge that he sicked that misogynistic, racist, homophobic puppet on us for more than 14 years. Yes, Joe Ramos, enough is enough. Unfortunately, your aim is not to make amends, but to stop the boycott. Too little, also too late. More of the same, slap on the wrist while continuing to raise Kobbo’s millionaire salary. How much more will you pay Kobbo Santarrosa and Héctor Travieso this year to peddle racism, homophobia, and misogyny to our children and adolescents? To continue ruining reputations and passing judgment of private citizens who do not have the resources to fight WAPA’s lawyers?

Joe Ramos, also does not get what causes the hurt, the pain, and rage, of the people working tirelessly in the boycott (almost 75,000.) He continuously attempts to avoid and minimize our arguments. We are emotional, we are protagonists, we like the media attention, etc.

Mr. Ramos, I will give you unrequested advise, I can’t stand to watch another conference and watch you look like someone that does not know which truck hit him. You must look into the cameras and say:

“WAPA is committed to respect all human beings and has ZERO TOLERANCE for racism, sexism, xenophobia, and homophobia in its programming. WAPA is determined to provide quality entertainment to all people that live in Puerto Rico and wherever we are watched, and promote peace and solidarity among its audience.” It is a new beginning, let’s do it together.” Continue Reading »The problem is Joe Ramos

Mi Hermano

Esta columna se publicó originalmente en Inglés en el San Juan Star. Fue mi primera columna en ese periódico. La publicó Natalia Muñoz, creo que en 1997 o 1998 se me va la memoria. Posteriormente se re-publicó en otros espacios. Tuve el honor de que fuera también publicada en el 2001 en el libro Conversaciones: Relatos por padres y madres de hijas lesbianas e hijos gay, recopilado y redactado por Mariana Romo Cardona. Todos los años el 1 de Diciembre visito la columna de nuevo. Fue mi hermano, y antes de él, otro hermano, y antes, durante, y después, muchos amigos del alma y muchas, demasiadas, amistades y personas conocidas. Y una querida amiga. Quise escribir algo nuevo para este 1 de diciembre, pero no he podido escribir estos días y esta columna, para mi, aunque para mas nadie, siempre será vigente.

 

Mi Hermano

Nunca me dijo adiós, aunque sabía que iba a morir. Cuando le dije adiós, sus ojos abiertos, por primera vez sin expresión, inertes no respondieron. Ambos habíamos hablado a menudo sobre la muerte, su muerte. A veces me cuestionaba, ¿soy yo inmortal?, ¿No puede pasar el proverbial camión que me comprimirá en la calle y morir, a pesar del consenso, yo primero.

Tres años antes me dijo que había resultado positivo al VIH. Tres meses antes habíamos enterrado a Feliciano, nuestro otro hermano, también de SIDA. Feliciano nunca se lo dijo a nadie, excepto a mí, empeñado en morir solo, presa de todos los miedos y estigmas que acompañan un diagnóstico de VIH. “Conmigo no será igual, yo se los diré a todos, no tengo nada de que avergonzarme” me aseguraba Tomás. Yo por mi parte le prometí que lo apoyaría en todo, luego de enganchar el teléfono (el vivía en Massachussets y yo en Puerto Rico) lloré. A veces me pregunto porqué no lloré con el.

Poco a poco según mi hermano se sintió fuerte para hacerlo, fue notificándole a la familia sobre su diagnóstico, siempre mantuvo el control y siempre les dio fuerzas y energías. Yo con mis pocos conocimientos les hablaba de células T-4, del significado de tener menos de doscientas, menos de 50, de enfermedades oportunistas, de respeto y dignidad. Mi hermano nunca fue victima del SIDA, el vivió a plenitud junto con el virus, después de todo, ambos compartían el mismo cuerpo.

Juntos aprendimos a reírnos del virus, juntos aprendimos a hablar de la muerte, sin miedo, sin dolor. Mi hermano vivió una buena vida, llena de amor, de amigos, de amantes, su honestidad, mantuvo a su familia cerca de el todo el tiempo. Después de mudarse a Massachussets, logró mudar de los proyectos en Manhattan, primero a su madre, luego a dos de sus hermanas y sus sobrinos. Siempre fue el eje de la familia, familia que hizo mía, cuando adolescente me fugué a Nueva York, mi hermano, no solo me dio techo, me dio toda una familia.

Todavía hay quien afirma que los homosexuales vivimos solos y sin familia, incapaces de amar, de conectarnos con otros seres humanos, ¡qué poco conocen de el ser humano! Y de la capacidad de amar y sobrevivir aún en sociedades que nos condenan y persiguen. Recuerdo hablar con la madre de mi hermano, nuestra madre, “no creo que llegues a tiempo, está muy debil”, El me esperará yo le aseguraba, sólo me quedan los exámenes finales. Dentro de mi agonizaba, yo le había prometido que estaría a su lado al final.

La noche que llegué, sus ojos, su sonrisa tan pura y expresiva cómo la primera vez que lo conocí quince años atrás. Su mirada siempre fue un bálsamo para mi mente, un aliento, una flor en un escenario árido. Una vez hace años descubrimos que no importaba cuánto tiempo estuviéramos sin vernos, sin hablarnos siempre que nos encontrábamos, una sola mirada nos bastaba para reafirmar que todo el calor, todo el amor, seguía intacto. Vivimos intensamente, tanto dolor, tanta alegría compartimos juntos que muchas veces no necesitábamos de palabras para hablarnos, nos miramos y al entender que nos habíamos leído el pensamiento, reíamos. En esos tiempos pensábamos que eramos inmortales, y nos reíamos de quien iba a empujar a quien en la mecedora cuando fuéramos viejos.

Pero mi hermano nunca fue viejo, aún cuando ese ultimo mes vi su cuerpo decaer, sentí su tristeza ese primer día que no pudo ir al baño, que le puse un pamper. Nos reíamos planeando la fiesta que quería que le hiciéramos cuando muriera, fiesta en la que el estaría presente, en su urna. Recuerdo bañarlo como a un niño, limpiar su cuerpo fláccido que dio tanto placer a tantos. Mi hermano fue un gran bailarín, el mejor, Salsa, mambo, Hustle, el todo lo bailaba, tantos y tantas aprendimos a bailar con el.

Mi hermano, junto con su doctora decidió cuando dejar de tomar medicinas, el siempre estuvo en control. Ese día lloré tanto, pero no dejé que me viera, yo le había prometido apoyarlo. El me dijo que ya estaba listo, que no quería depender de nadie para subsistir artificialmente, firmó para que yo tomara las ultimas decisiones y me pidió morir en su apartamento de 10 años, no quería morir en un hospital. Una semana después cayó en coma, sus familiares estuvieron con el, sus amigos nunca lo dejamos solo. Recuerdo que dos noches después le pedí a todos que se despidieran de el, la tercera noche su hermana viajó desde lejos de nuevo a visitarlo (era la tercera vez en un mes, ella al verlo también se despidió, esa noche le dije al oído que podía partir que todos estaríamos bien, por primera vez esa semana estuvimos solos el y yo cómo tantas otras veces, sólo que esta vez yo no lo sentía, no podía leer su pensamiento. A las pocas horas, mi hermano, quien me amó y a quien amo intensamente, partió. Ese día alguien me preguntó si yo era hermano del que murió y yo le dije, “no, yo soy hermano del que vivió.

¿Cómo estás…bien?

Sonrío siempre que escucho la pregunta, formulada de esta forma. Quien me pregunta, sin darse cuenta, me da la respuesta que desea o necesita escuchar. Tal vez es la única respuesta que puede tolerar. Para mí es un signo de los tiempos. Nadie quiere saber que estás mal. O al menos, que no estás bien.

No soy rico, nunca lo fui. Mi padre y mi madre no fueron a la Universidad, pero sus tres hijxs fuimos. Pertenezco a esa clase trabajadora que en esta última década está asediada económicamente por todos lados. Clase trabajadora que poco a poco ha perdido los beneficios conquistados en décadas anteriores. Clase trabajadora que a ritmo avanzado ha perdido el acceso a los procesos políticos, relegada a una patética “participación” política: un voto cada 4 años para escoger entre las plastas que los partidos principales eligen para sus papeletas y si tienes suerte, una extracción monetaria mensual a una unión de trabajadores que a veces resientes pagar porque a menudo están los líderes obreros y los patronos demasiado cómodos el uno con el otro.

Soy también parte de un sector en crecimiento dentro de la clase trabajadora, el sector desempleado. Pero mi trabajo desapareció y no por obsolescencia. Desapareció porque el gobernador de NY decidió no cobrar taxes a corporaciones millonarias. Corporaciones que apenas han pagado taxes mientras a nosotros y nosotras se nos saca más de una tercera parte del salario en contribuciones mensualmente. Prefirió el gobernador eliminar sobre 125 millones de presupuesto a las cortes. Al carajo se fueron los servicios prestados a mucha gente que acude a la corte sólo porque son pobres. Pero me desvío. Quiero hablar de esas cortas conversaciones cotidianas. O mejor dicho, quiero hablar de esas conversaciones cotidianas que no se dan. Aquellas que tal vez con su ausencia evitan la posibilidad de la solidaridad, el compañerismo, la fraternidad entre unas y otros.

Cada vez que viajo a Puerto Rico, enfrento a menudo la pregunta que incluye la respuesta, ¿Cómo estás…bien? No, no estoy bien. He tenido que hacer miles de ajustes y continúo ajustando más y no llego a sentirme estable. A veces no duermo o me levanto preguntándome qué pasará con los prestamos estudiantiles que dejé de pagar. O me pregunto cómo sobreviviré cuando me retire, si me retiro, con mi Seguro Social. ¿Podré  seguir juntando la renta chiveando como he hecho ya por los últimos 17 meses? ¿A dónde voy si me enfermo? Esperar a ponerme peor para entonces ir a emergencia, me parece macabro. ¿Y cómo brego con la rabia y el coraje? Mi trabajo está en demanda, no tenía que desaparecer. Aún me llaman pidiéndome los servicios, sólo que ahora me los piden de gratis (pro-bono).

Pero complazco a la mayoría que me pregunta y contesto: “sí, bien” ¿No es eso lo que quieren/pueden escuchar? ¿Cómo estás tú? Bien, bregando. Y así seguimos, mintiéndonos, la una al otro. Diciéndonos que estamos bien. Sin darnos la oportunidad de tal vez descubrir que estamos todos y todas bien jodidos. Abrumados y asediadas por la deuda y la precariedad de nuestras vidas. ¿Cuántas de nuestras amistades/vecinxs/compañerxs no pueden pagar la casa el mes próximo si pierden el trabajo? ¿Cuántas de nuestras amistades/vecinxs/compañerxs tienen un trabajo y medio, dos trabajos y casi no les da? ¿Cuántos tienen un trabajo para pagar la casa y la comida y otro part-time para pagar el carro? Carro casi obligatorio porque en una isla tan chiquita ningún gobierno pudo/quiso implementar un plan digno y eficiente de transportación pública. Pero decimos que estamos bien y sonreímos mientras pensamos que no, que no lo estamos.

Bien”, me dice mi amigo a quien visito en el apartamento que acaba de alquilar. Su salario, a pesar de tener dos años de escuela graduada, le da para ese alquiler y la manutención de su hijo. Duerme en un mattress en el piso. Y hay una silla. La silla a veces está en una mesa en el comedor, o en la sala al lado del toca-ipod con dos bocinas que tiene. Ni idea cuánto tiempo pasará antes de que pueda comprar algunos otros muebles. Al menos tiene unos trastes, usados, que le regaló la mamá y una vajilla barata que le regaló la cuñada. Él sigue buscando más trabajo o un trabajo que pague más. Pero“estoy bien”, me dice y me habla de su nene y lo inteligente que es y rememora momentos de la universidad cuando estudiamos juntos. Me cambia el tema si le digo que mis cosas no están tan buenas. “No te apures, vas a estar bien” y yo asiento, pero la verdad, ninguno de los dos sabemos.

Pienso también en mi amiga, divorciada. Desde que recuerdo está pagando una deuda de las tarjetas de crédito adquiridas antes de su divorcio. Deuda que por mucho tiempo estuvo pagando al 29% porque se atrasó y de nada valió que todos los meses anteriores había pagado mucho más del mínimo. Desesperada por el tiempo extra, trabajando 48 y 54 horas en la semana cuando es posible y haciendo pasteles y limpiando casas. Ella no pensó que esa sería su vida a los 45 años. Pero lo es. No sale a espacios sociales pues no le sobra dinero. Entre alquiler, gasolina y tarjetas de crédito (con las que hace años no puede comprar nada) se le va todo. Pero no se queja, no dice nada, estoy bien, aquí bregando con mi música en la computadora, que tú sabes es lo que me gusta a mí. Y tú, ¿estás bien? No tengo el corazón de decirle que no, que estoy mal. Una vez la confronté y le pregunté por qué pensaba que estaba bien y me contestó que hay otros peores.

Mientras, en las noticias, reporteros que son realmente grabadoras repiten y repiten anuncios disfrazados de noticias, “aconsejan” cómo mejorar su portafolio, mientras omiten la noticia que revela que no hay tal azar en la bolsa, que es todo un gran juego de pirámide diseñado para seguir haciendo ricos a los más ricos, sin decirnos que los legisladores tienen derecho a “insider trading”; que la bolsa ha arruinado a Estados Unidos y la Unión Europea. Que los malos tiempos que vivimos no se arreglan entregándole a la bolsa nuestros míseros salarios para que sigan ellos enriqueciéndose a cambio de un trapo de 1.5% que ni siquiera es garantizado. Que los economistas más prestigiosos todos han opinado en contra de la “austeridad” que se nos exige (a nosotros, no a los bancos). El mensaje es claro, “si estás jodidx es porque no tienes portafolio, es tu culpa.”

Los periódicos y magazines, para no quedarse atrás, nos presentan serios artículos que nos “aconsejan” cómo usar las tarjetas de crédito. Sin imprimirse queda la verdadera noticia, la industria del crédito es depredadora y sin ningún tipo de regulaciones, haciendo con los consumidores lo que le da la gana. Estamos sujetos y sujetas a contratos que cambian cuando les da la gana y venden nuestra información privada como les da la gana. Aún así, los periódicos nos dan la idea de que si estamos embrolladas con tarjetas es porque somos irresponsables, no sabemos usarlas. No tiene nada que ver con sueldos de miseria, condiciones de trabajo miserables, servicios de salud onerosos y que cada vez vivimos más asfixiadas y asfixiados porque cada día devalúan más nuestro trabajo, cada día nuestros salarios rinden menos, nuestra vida es más precaria.

Pero de nada de eso hablamos, porque a todas y todos nos han enseñado que el problema somos nosotros. Las irresponsables somos nosotras, las que tenemos que avergonzarnos somos nosotras. Mientras siguen subiendo los intereses del crédito, mientras siguen subiendo a ritmo asesino el costo de la salud, de la comida, de la educación, desaparecen el over-time, el empleo con beneficios, el empleo a tiempo completo.

Y me visita mi amiga y la recibo. No la esperaba.  ¿Cómo estás? Pregunto.Bien, y tú, ¿estás bien? Contesta. Escucho y asiento con la cara. Hago el gesto porque la palabra se me atora. Le ofrezco jugo de china, pensando que queda un poco. Apenas un vaso. Le echo un poco de hielo para que llegue hasta arriba y me sirvo agua. Y me habla de su trabajo nuevo. 6 meses de probatoria (pienso que es abusivo pero no comento, se supone que estemos agradecidos de tener trabajo). Y comenta que el nuevo seguro médico es más malo que el que tenía y tendrá que cambiar de doctor pero “lo bueno es que tengo seguro” y hablamos de películas y recordamos las instancias pasadas en que fuimos al cine y vimos películas juntas. No comparto que hace seis meses el cine cayó entre las actividades que ya no hago. Cuesta entre 12 a 17 dólares ir al cine. Con esa cantidad puedo comprar arroz, papas, pimientos y tuna y comer una semana o al menos 5 días.

Observo familias en mi viejo vecindario en Puerto Rico. Familias donde el hermano lleva a todos los nenes a las diferentes escuelas y la hermana los recoge por la noche, mientras la abuela sigue comprando la comida de los tres hogares y el abuelo paga el carro del nieto pa que pueda estudiar y trabajar y llevarlo al médico. Todos trabajando y ayudando al que no puede trabajar, dividiéndose las tareas. Solx ningunx sobrevive. Todxs asediadxs, viviendo precariamente, si uno solo se enferma o un carro se daña la organización precaria se va al piso, todas y todos colapsan. Una tiene que faltar y no cobra o la otra tiene que cocinar para todos pero para eso tiene que ir a la alacena de la otra. Y me preguntará el lector qué hay de malo en una familia tan organizada, tan eficiente y yo contesto: la precariedad no tiene que ser. Se necesita mucha energía y enfoque para mantener una organización que no hace nada más que permitir que la familia pague sus cuentas. Renta, comida, electricidad, carro. Nadie vive, todas apenas sobreviven. Pero de eso no hablamos con nuestras vecinas, nuestros compañeros o colegas. Qué bueno que están bregando, están bien, se comenta.

¿Qué pasaría si un día todxs dijéramos que estamos mal? En voz alta, que muchas familias al unísono, reconozcan que estamos mal, oyéndonos los unos a las otras decirlo y entenderlo y aceptarlo, que no estamos bien.

A veces llamo a dos amigos, una pareja joven, ambos con sus doctorados, entre ambos tienen 5, 6 trabajos (cero beneficios). Cada vez que viajo y les veo viven en un apartamento más pequeño, cada día planeando qué cosa nueva van a cortar; ya se fue el internet, usan el wifi cuando se pueden robar la señal, ya no salen al cine, pues son 4 (dos hijas). Hacen una noche de cine en la casa. Sólo para ellos, no pueden recibir visita, no hay qué ofrecerles.  Las dos niñas pequeñas duermen en un cuarto y ellos en el otro. Todos compartiendo un carro. Coordinando, coordinando todo el tiempo. Sintiéndose mal si van a un restaurante o si paran una noche a tomarse unas cervezas con amistades. Esto me lo “confiesan” porque les pregunto directo por esos asuntos. “No te apures, esto es temporero, por eso no hemos dicho nada”

La precariedad no es temporera, ha descendido sobre nosotrxs y se ha convertido en nuestra vida.

Nadie dice nada, todos estamos jodidos. Y no queremos/podemos oír de nuestras condiciones materiales. Hablar de cómo nos sentimos cuando vemos que la bolsa grande de arroz que compramos se está acabando. O el aceite de oliva, o aquella bolsa grande de papel de inodoro que compramos para ahorrarnos 70 centavos por millar de hojas. ¿Podré remplazarlos cuando se acaben?  Esa marca de queso es la más mala, pero es también la más barata; recuerdas cuando comprabas aquella que te gustaba más y era más saludable porque tenía menos sodio?

¿Dónde encontrarnos a hablar en un país donde cada vez son más escasos los espacios públicos? Aún los espacios públicos se diseñan y se permiten para obligarte a consumir. Entonces para compartir hay que consumir. Nos encontramos y compramos una cerveza, sonriendo, diciéndonos una a la otra que estamos bien mientras pensamos que si tomamos la tercera cerveza nos salimos del presupuesto. Que sólo podremos ver una de las películas de tal o cual festival de cine. Nos inventamos que no volvimos porque el carro se dañó o nos llegó visita o nos dio dolor de cabeza. ¿Cómo estás…bien? Sí, me encantó la película y tú, bien? Sí chica estoy bien. Yo ya he visto 4 películas cuántas tú vas a ver? Solo esta, es la única que me atrajo, pero esa no es la razón, sólo puedes pagar una, pero no lo dices porque es tu culpa, no poder pagar más de una. Después no te invitan más a salir.

Y asistimos a la reunión de la clase. Y nos mentimos unas a los otros. Todos y todas agarrándonos de la ficción que nos garantiza permanencia en esa “clase media” a la cual tal vez nunca pertenecimos. Todas y todos agarrados a la idea de que el que quiere y trabaja duro triunfa. Y murmuran y bajan la voz para comentar que tal o cual no está trabajando. O que se divorció y de nuevo vive con los padres. Fijate fulana está jodida, nosotros no, nosotros estamos bien. Y salimos a comer y mentimos diciendo que no queremos aperitivo o que nos hace daño el postre. Escogiendo del menú estrictamente por lo que dice la columna de los precios descartando el paladar.

Una amiga siempre me comenta “me encanta tu ropa, eso es bien 80s o 90s” y yo sonrío, nunca digo que compro en tiendas de ropa usada. Ella siempre se fija en la ropa y se la compra nueva. Pero se mudó debiéndole dinero a su casera. Fue mejor arriesgarse a perder esa relación que poder decirle que no podía pagar, la dejó pillá con la renta y la luz.

A veces me siento culpable cuando hablo de esto. No quiero que la gente piense que no sé que hay otra mucha gente en peores situaciones. Que hay mucha gente más pobre, más relegada que yo. Que lo que he perdido, otros y otras nunca lo tuvieron. Pero tenemos que encontrar formas de compartir esta situación y responder a ella de formas constructivas. Formas de hablar que abran las puertas de la solidaridad y la empatía, no que las cierren. Si te comparto que estoy mal es porque quiero que me oigas y quiero escucharte sobre el tema. No quiero que me mires en silencio y ofrezcas pagarme la cerveza, o el plato que estoy comiendo. No se trata de eso, amigo. Si no la pudiera pagar no hubiera salido contigo. Se trata de que hablemos, que yo te diga cómo estoy y tú me digas cómo estás tú. Y que compartamos y conectemos a un nivel más profundo que el de nuestra piel. Que reconozcamos que no estamos bien. Que estamos asediados o asediadas. Y que está ok hablar del tema, que no hemos hecho nada malo.

Se trata de romper el libreto de estupideces que se nos ha hecho internalizar para estas ocasiones: “No te apures dios aprieta pero no ahoga”“sigue pa’lante”“pues a estudiar otra cosa”“pues a re-entrenarte”“pues sigue buscando”“pues búscate un part-time adicional”,“pues múdate de nuevo”“pues donde viven dos viven tres”“tú siempre has sido un luchador, anímate”… Estos consejos son solidarios tal vez, pero no contigo, sino con el sistema, porque de nuevo se siente como que este es tu problema, así es como funciona el mundo y punto. Realmente lo que te dicen es sigue jodiéndote, no hay nada malo en este sistema que produce pobreza.

Pero ya he hablado demasiado de mí y de mis amigos. ¿Y tú, cómo estás, bien?

 

 

Originalmente publicado para 80Grados http://www.80grados.net/como-estas-bien/

Marchando con orgullo en Uganda

Foto por David Robinson

Posiblemente ya todas hemos visto las fotos de la celebración de una primera Parada LGBT en Uganda. La misma se dio un fin de semana de agosto en la ciudad de Entebbe. Se dice que asistieron unas 100 personas. En las redes sociales se celebró este evento mayormente repostiando o retuitiando alguna de las varias fotos que se hicieron públicas. Aunque pienso que es bueno que se celebrara de manera tan amplia este evento, me preocupó que estuviera ausente uno de los datos más preocupantes que también es parte del evento. Las y los activistas que tomaron parte en esta celebración, sobretodo aquellas y aquellos que permitieron se les fotografiara, arriesgan su libertad y tal vez hasta la vida al hacerlo.  Esta parada, un triunfo en sí, no representa el triunfo de la comunidad LGBT contra la homofobia y amenazas del Estado. Esa lucha todavía sigue.

Foto por David Robinson

Esta reflexión comienza con el envío a mi buzón de fotos identificadas como “Parada Gay en Uganda”. Mis ojos recorrieron inmediatamente las fotos. No puedo negar la emoción que sentí. Rostros de hombres y mujeres, muchos jóvenes, sonriendo a la cámara. Sentí admiración inmediata por el coraje y valentía que demostraban estas activistas y cómo aún conociendo el riesgo reflejan ORGULLO, alegría y mucha energía en sus rostros. Entre algunos blogueros discutimos cuán seguro sería publicar estas fotos. Para cuando nos llegó confirmación ya se habían publicado en el New Yorker y otros lugares de la Internet.

Se me ocurre entonces que hoy escribo sobre circunstancias que no conozco de manera personal. No tengo idea de qué significa ser gay, lesbiana o trans en Uganda.Y anticipo que al escribir esto también  confronto cuáles son los límites a mis miedos, y cuáles son las fronteras entre miedos y compromisos. ¿Cuáles son las causas, luchas o razones por las que pudiera arriesgarme a perder mi libertad, mi vida? ¿Qué significa cuando un grupo de personas se unen para marchar en su país y celebrarse a sí mismas y mismos, dejando que esa celebración de la identidad asediada y maldita sea en sí la demanda, la protesta, la denuncia. Ahora marchan las y los activistas, armadas con sus caras y sus cuerpos. En un mundo que cada vez se nos hace más pequeño es a veces imposible evitar comparar la vida entre tal o cual geografía. Entonces me doy cuenta de cómo al principio, instintivamente, buscaba identificar las diferencias antes de considerar las coincidencias. Una segunda leída a la información disponible y otras miradas más críticas a las fotos, revelaron más coincidencias que diferencias.

Foto por David Robinson

Los presentes en la marcha reportaron que ha habido cambios positivos en los últimos dos años allí en el lugar que hemos designado como “el peor sitio del mundo para ser gay.” Reporta Alexis Okeowo para el New Yorkerque las y los activistas están un poco cansados de una prensa exterior que no puede captar ambas la alegría y los problemas, las múltiples capas o matices de ser gays o lesbianas en Uganda. Este sentimiento o algo parecido ha sido expresado también por grupos LGBT latinos, tanto en USA como en nuestros diferentes países. Lo he sentido yo cuando escucho que se habla de ser gay en Puerto Rico y suena a un oscuro país maldito y ancestral. Nuestros países también han sido referidos como “lo peor posible para ser gay” en las metrópolis occidentales del mundo, siempre preocupadas por los mundos salvajes.

Un poco, el vehículo que veo en las fotos, una guagua o truck de plataforma un poco deteriorada, me recuerda fotos de otras primeras paradas. En la de Puerto Rico la carroza de ACT-UP en la primera parada fue una pequeña excavadora ya viejita, un poco deteriorada prestada de una finca de plantas. Era mucho más el entusiasmo y la energía que los recursos para utilizar carrozas costosas o vistosas.

Foto por David Robinson

Los cuerpos y expresiones más visibles parecen ser aquellxs que desafían estrictas definiciones de género (al menos como las concebimos en estos lares.) Y se me ocurre que tiene sentido que estén presentes, marchando, aquellos y aquellas que de todas maneras, por su transgresión de género, están expuestos al arresto todos los días.Esta celebración de Orgullo, que duró todo un fin de semana, fue interrumpida por la policía. Miembros de la policía se presentaron bajo el pretexto de “amenaza de boda entre personas del mismo sexo” y arrestaron a varixs activistas la primera noche. Luego les permitieron marcharse sin ningún cargo. El gobierno está vigilante de ellas y ellos y se los deja saber. Tal vez, pudieron hacer la parada debido a que a nivel internacional la medida propuesta en su congreso, el “Proyecto anti-homosexualidad” mejor conocido como la “Ley Mata al Gay” ha atraído la atención y el enérgico repudio de la comunidad internacional. El autor del proyecto de ley, David Bahati, es un diputado Ugandés vinculado a la derecha religiosa estadounidense. Esa derecha religiosa que precisamente ha ganado acceso a Fortaleza y a la Legislatura en Puerto Rico. En Puerto Rico, estos sectores también han enfocado muchas de sus energías en pasar legislación contra nuestras comunidades LGBT. De hecho, el ataque público y legislativo contra homosexuales y lesbianas en PR, hasta donde yo recuerdo, comienza con Morality in Media y Pro-Vida, en los años 80. Ambas organizaciones desde el principio estaban conectadas con organizaciones de derecha religiosa en Estados Unidos.

Foto por David Robinson

Claro, el proyecto de ley en Uganda va mucho más lejos de lo que han tratado de hacer en Puerto Rico. Originalmente el Proyecto pedía: 1. Sentencia de muerte para homosexuales activos que hayan contraído VIH o hayan cometido “violación”. 2. Siete años de cárcel a cualquier persona que “ayude, instigue, asesore o induzca a otro a participar de actos homosexuales.” 3. Cárcel a personas u organizaciones que den cobertura a las personas homosexuales (lo que haría imposible defender los derechos LGBT en Uganda.) 4. Siete años de cárcel a los propietarios que alquilan habitaciones o casas a homosexuales. En fin, este proyecto de ley (posible sueño húmedo de Wanda Rolón o Rivera Schatz) cuelga sobre las cabezas de toda la comunidad LGBT, sus familiares y aliadas. Pero el proyecto está congelado en estos momentos gracias a la presión de múltiples gobiernos, líderes del mundo político, religioso y de expertos en prevención del VIH, que han apelado a los parlamentarios de Uganda para expresar su disgusto y temor y denunciar las terribles consecuencias que puede tener esta ley.

Hay otro punto resaltado en un excelente artículo de Scott Long (gracias a Andrés Duque de Blabbeando por habérmelo recomendado). Este artículo, además de reseñar la primera Parada Gay de Uganda, hace un esfuerzo por inscribirla en su contexto político actual. El artículo reseña el apoyo que Hillary Clinton ha ofrecido desde su posición como Secretaria de Estado de USA y cómo ha utilizado el poder de su oficina para exigir respeto y diálogo en el issue homosexual. Sin embargo, reseña Scott Long, que a pesar de que la solidaridad de la Oficina de la Secretaria de Estado es incuestionable, tampoco se puede negar que USA fue de las primeras naciones en reconocer y felicitar al Presidente Yoweri Museveni, quien se dice llegó al poder gracias a una elección fraudulenta. De hecho, activistas de los derechos LGBT en Kampala, la capital de Uganda, hace ya algún tiempo vienen pidiendo que las denuncias a violaciones de derechos de la comunidad LGBT se den en virtud de los abusos de poder de Musevini. La comunidad LGBT está consciente de que un Musevini poderoso siempre será una amenaza a su libertad y vida. Pero es precisamente ese ángulo el cual les da la oportunidad de ser reconocidos como iguales por los otros muchos sectores del pueblo ugandés para los cuales Musevini también amenaza a su libertad y vida. Esta sería la oportunidad para que se les reconozca como ugandeses y ugandesas, integrados a los esfuerzos y resistencias organizadas contra Musevini. Sin embargo, la política de asuntos del exterior de USA, felicitando públicamente a Musevini por su ayuda en Somalia, hace esta labor mucho más difícil. La comunidad LGBT se nos presenta como una bajo ataque singular en Uganda, violencia legislativa, privación de libertades y tal vez muerte. El costo del apoyo (necesario y agradecido) de Hillary Clinton a la comunidad LGBT en Uganda es que ese apoyo les separa del resto de la población y les limita la oportunidad de hacer causa común con otros grupos y comunidades que también están bajo el asedio y abusos de poder de Musevini.

Esta es precisamente otra coincidencia con nuestras comunidades, el impacto, positivo o negativo, que tiene la política exterior de USA o sus grupos principales LGBT en nuestros trabajos, nuestras agendas y cómo a veces lo hacemos a un alto costo.

Recientemente uno de los blogs LGBT más conocidos, Blabbeando,comentó sobre la posible influencia de la Oficina de la Secretaría de Estado en celebraciones de Orgullo en media docena de países en Latinoamérica. Sigo observando las fotos y me doy permiso para sentir la contentura, sonreír.  No puedo evitar pensar que son fotos de hermanos y hermanas que no conozco, en otro continente. Hermanas y hermanos bregando, atreviéndose a visionar un mejor país, uno que les respete y reconozca. Luchando por vivir con dignidad, en circunstancias más adversas, hostiles y peligrosas que las que yo he conocido. A veces lo único que podemos reclamar como nuestro, nuestras caras, nuestros cuerpos, lo arriesgamos, para afirmar que existimos, para mostrar que vivimos y que nos celebramos las unas a los otros. Me atrevo a sugerir que eso lo comparten todas las paradas LGBT, tanto las bienvenidas como las perseguidas o prohibidas.  Les invito a celebrar esas caras y esos cuerpos que este agosto marcharon en Uganda. Y juntos deseemos que puedan marchar por muchos años más.

Foto por David Robinson

 

Publicada originalmente en 80Grados: http://www.80grados.net/marchando-con-orgullo-en-uganda/