De quienes pueden llamarnos patos

No Aprendimos nada…La Comay nos dice Patos y nos ofendemos, si son “nuestros políticos” quienes usan la palabra, entonces todo depende de la afiliación política.

Todavía estando reciente el buen saborcito que nos dejó la promesa de Kobbo Santarrosa y el muñeco de trapo que se sienta al lado de él, de no usar mas la palabra pato, de nuevo se nos restrega en la cara que mucho mas hay que trabajar para cambiar esa tradición de usar la palabra pato para deshumanizar, denigrar y en este caso también, des-cualificar.

Mucho mas problemático es que en un recorrido por Facebook observé que el objeto de indignación cambia de acuerdo a la afiliación política del “pato” que se esté indignando. Y digo pato porque si no les molesta que su candidato la use, no debe molestarles que la use yo también.

Ambos Bathia y Rivera Schatz (Bathia just apologized as I am writing these words) tienen posiciones de liderazgo y cargos honorables. Este tipo de intercambio, pobre, bochornoso, y definitivamente homofóbico, es mucho mas dañino y duradero que el puño que nos puede dar en la calle un pendejito de mierda. Porqué?

Porque a estos dos lideres, desgraciadamente, los escuchan miles de personas y son modelo para la conducta de miles de personas. El daño que nos han hecho hoy es irreparable. ¿A cuantos de nuestros jóvenes les dirán “Cua Cua” en la calle o en la escuela mañana? ¿Cuántos lo tendrán que oír de su propia madre o padre en un chiste, un hermano o una compañera de trabajo refiriéndose a otr@? Porque si ahora el chiste político será usar la palabrita “cua cua” cómo camuflaje para decir pato, el resultado visible será la risotada, pero el resultado invisible será la continua desvalorización, deshumanización y humillación de nuestra comunidad.

Pero como todo en PR es una tragicomedia, los patos y patas que ponen los colores de su partido antes que la sociedad en general o la comunidad queer en particular en el mejor de los casos se quedarán callados o, en el peor defenderán a sus candidatos con la mierda de que “estamos en una DEMOCRACIA” o “Hay libertad de expresión”. Y es precisamente por eso, que estos políticos de mierda, saben que nos pueden insultar porque el apoyo de los patos y las patas de sus partidos, es incondicional hacia ellos, aún por encima de su propia estima y aún por encima de su sentido de comunidad.

Yo quisiera ver a los populares indignados en alza escribiendo cartas a SU legislador, a SU presidente de partido exigiendo explicaciones, y quisiera ver a los penepés hacer lo mismo con SU legislador y su presidente de partido. Tal vez así podríamos demostrar a esta gente que hay consecuencias por sus acciones.

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Durmiendo con el enémigo

Ensayo mío publicado en el En Rojo – Suplemento de el periódico Claridad – Este suplemento – editado por mí – fue dedicado a la comunidad Queer en Puerto Rico – Edición 24 al 30 de Junio 2010 – Portada del suplemento incluida al Final del artículo

Durmiendo con el enemigo

Puerto Rico tiene una ley de crímenes de odio desde el 2002 y su aprobación lamentablemente contó con el apoyo de, entre otros, grupos y miembros de las comunidades LGBT. Como miembro de esas comunidades, siempre me he opuesto a los estatutos de crímenes de odio por entender que es una manera del Estado despachar un problema que debería atender con educación e iniciativas que promuevan la igualdad de las comunidades LGBT, además de que este tipo de legislación es resultado de un movimiento de derecha que sólo busca recortar los derechos de los acusados.

Las legislaciones de crímenes de odio contra las comunidades LGBT permiten a políticos y civiles hipócritas expresar públicamente su “pena y conmiseración” con nosotros con un lado de la boca, mientras con el otro se siguen oponiendo a currículos de educación inclusivos, derechos y reconocimiento a nuestras familias, protecciones de discriminación en el empleo y la salud, adopción de niñas y niños por parejas del mismo sexo. Todas esas medidas de seguro sí tendrían efecto en crear una sociedad más justa y menos violenta para todos.

A eso se suma que el movimiento de “derechos de víctimas” que es el frente político que actualmente auspicia este tipo de legislación, es realmente parte de un movimiento conservador y ha sido visto con sospecha por el movimiento de derechos civiles, que irónicamente fue el que comenzó la campaña contra los crímenes de odio. Activistas de Derechos Civiles en Estados Unidos ven ahora al movimiento de derechos de víctimas como una amenaza cuyo foco, a partir de la presidencia de Nixon, está dirigido a socavar los derechos de los acusados que con tanto trabajo se consiguieron durante la corte suprema de Warren. Ambos movimientos tienen posiciones opuestas en asuntos como la pena de muerte, la guerra contra las drogas y las guías de sentencia criminal federales.

Cada vez que me expreso en contra de las legislaciones de crímenes de odio, mucha gente de las comunidades LGBT se queda perpleja y molesta por mi posición. El hecho es que yo también me quedo sorprendido de cuán sólido es el discurso de apoyo a este tipo de estatuto, especialmente cuando aparentemente nunca ha habido en la Isla una seria discusión al respecto. Sólo hubo un cabildeo ciego y repetitivo que me recuerda el clima de desinformación que prevaleció durante la época en que a Puerto Rico se le vendió la “mano dura” del entonces gobernador Pedro Rosselló.

En realidad, el único beneficio que le reconozco a este tipo de legislación es que al lograr que se pase y cada vez que se enacta, algunas organizaciones y activistas ganan “capital político”, se ha convertido en una prueba un tour de force en el que muchos candidatos políticos se han montado.

Permítanme esbozar otras razones para oponerme:
• Las legislaciones de crímenes de odio no tienen afecto alguno sobre la incidencia criminal. Ni los grupos LGBT en Estados Unidos, ni el Homeland Security, ni el FBI, ni los proyectos antiviolencia que abundan en EUA han podido producir un solo reporte que diga que este tipo de legislación resulta en una reducción de la incidencia criminal. Esto no debe sorprendernos, es el mismo resultado que obtuvimos con la “mano dura” de Rosselló y con las desgraciadas leyes anti drogas Rockefeller.

• Este tipo de estatuto es resultado de la cooptación de los esfuerzos de grupos de derechos de víctimas, que irónicamente comenzaron en respuesta a las atrocidades cometidas por el mismo Departamento de Justicia al que ahora se someten. El término crímenes de odio se acuña precisamente como respuesta necesaria a la íntima relación que existía entre los perpetradores de crímenes de odio y el Departamento de Justicia y su policía en EU. Históricamente, líderes del Klu Klux Klan eran a su vez sheriffs, fiscales y jueces que, en funciones oficiales o no, condonaron, exhortaron o simplemente ignoraron por mucho tiempo crímenes de odio principalmente contra negros, pero a lo largo de los tiempos contra inmigrantes, contra judíos y contra homosexuales. Aun cuando los perpetradores se trajeran a corte, los fiscales y jueces minimizaban sus crímenes y en los pocos casos que se emitían condenas, las mismas eran benévolas. Respecto a homosexuales en Puerto Rico, yo recuerdo cuán difícil era lograr que al menos se escribiera una querella en casos de robo o agresión contra homosexuales. Era altísimo el riesgo de recibir una bofetá o patada cuando se acudía a un cuartel a radicar una querella. En los casos de asesinato, la actitud de la policía sigue siendo hoy la misma: se presume que de alguna forma “se lo buscaron ellos mismos”.

• Esta clase de legislación responde al mismo tipo de mentalidad que abrazó los esfuerzos de la “mano dura”, promoviendo venganza en vez de justicia. Esto, a su vez, nos distrae del esfuerzo que verdaderamente necesitamos hacer: exigir al Estado que tome verdaderas medidas para reducir la incidencia de violencia a nivel nacional. Esto incluye elevar los niveles de salud mental del pueblo, mejorar la situación económica y promover educación a todos los niveles escolares. Enviar a individuos a la cárcel 20 años adicionales es absolver al Estado de atender las verdaderas causas de la violencia en este país. Es realmente poner una curita en la piel sin prestar atención el cáncer que hay debajo.

• Con este tipo de estatuto, se intenta separar la incidencia de asesinatos contra personas LGBT de la violencia que se vive en Puerto Rico. Pregunto: ¿Cuántas mujeres han sido asesinadas en los últimos seis meses? ¿Cuántas otras personas que no son LGBT son asesinadas por ser quienes son? ¿Cuál es la discusión que no se da alrededor del tema de la violencia? Aun cuando yo creo firmemente que, en algunos de estos crímenes, al asesino se le hizo más fácil matar porque su víctima era homosexual, ello es diferente de cuando la gente se tiraba a la calle buscando un negro que linchar.

• Esta clase de legislación le da poder único al Departamento de Justicia para determinar qué es un crimen de odio. Me pregunto, ¿desde cuándo el Departamento de Justicia es nuestro amigo? Tan desesperados estamos de aceptación que estamos dispuestos a darle más poder al mismo Departamento que entrampa homosexuales en lugares públicos; llama a la prensa para que cubran sus redadas de homosexuales; responde a llamados de Morality in Media y cuanto grupo de derecha religiosa hay para cerrar nuestros espacios; hace campañas de dar multas de tránsito a carros estacionados alrededor de negocios de nuestras comunidades; todavía expresa públicamente que “nos buscamos los crímenes”; se lleva a trabajadoras sexuales en vanes con querellas fabricadas que muchas veces son imposibles de creer, pero que resultan en condenas gracias al trabajo en equipo de policías, fiscales y jueces.

De hecho, tengo que criticar que ahora también haya personas de nuestra comunidad que se reúnen con el FBI, que tan reciente como durante la presidencia de Bush, hijo, carpeteó, espió e infiltró grupos gay activistas en entero y legitimo uso de actividades políticas para denunciar al gobierno.

Sólo me resta destacar que las leyes punitivas siempre terminan afectando a las comunidades que pretenden proteger. Las leyes de crímenes de odio se utilizan más comúnmente contra minorías, como los negros y los inmigrantes. Este tipo de legislación, ha sido utilizada con éxito contra inmigrantes en California y contra trabajadores sexuales transexuales en Nueva York por policías blancos, para lograr agravantes en casos de resistencia de arrestos donde el uso excesivo de fuerza policial ha sido cuestionado y la víctima agredida ha expresado algún insulto con connotación racial al defenderse.

Puerto Rico se beneficiaría de una discusión que incluyera alternativas que actualmente producen resultados y tienen consecuencias más saludables y edificantes como son los esfuerzos por propagar modos de Justicia restauradora (“restorative justice”) en todos los espacios donde se cometen crímenes y abusos contra las personas incluyendo en las escuelas desde los primeros grados incluyendo y con buenos resultados los casos de “bullies”.

Mi eterno agradecimiento a Iván Figueroa Luciano quien concibió esta hermosa portada para el suplemento:

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Homofobia en los medios

Este artículo mío fue publicado originalmente por EN ROJO de CLARIDAD. Lo puedes ver aquí: http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=1CC15A41304856266FCA2277DFE49493

Mucho se ha discutido sobre la controversia de las alegadas querellas que el activista Pedro Julio Serrano presentó contra Kobbo Santarrosa ante la FCC (por sus siglas en inglés.) Ambos ahora se han enfrascado en discutir si la palabra “pato” es obscena o no. Si es una palabra de odio o no. Infortunadamente, con ayuda de algunos medios, esta disputa se ha presentado como una personal.
Una mirada más acertada sería: Cuál es el efecto de utilizar una palabra despectiva a diario contra un sector puertorriqueño con el aval de los ejecutivos de la televisora. Personalmente, no creo que la palabra “pato” sea obscena. Sin embargo, sería acertado, tener una discusión pública y honesta sobre el daño que esta palabra hace, día a día contra la comunidad gay en general y contra todos y cada una de las personas que somos gay, lesbianas, bisexuales o transgénero. Es el uso y contexto de la palabra pato, lo que la hace despectiva, desdeñosa e hiriente. Que día a día desde los televisores que entran a nuestros hogares, nos deshumaniza y evita que nos veamos como lo que somos, hijos, hermanas, vecinas, amigos, ciudadanos que participamos y contribuimos, y compartimos el bienestar o malestar de Puerto Rico.

Santarrosa y Travieso argumentaron (con razón) que el uso de la palabra pato es antiguo, y es cultural. No todo lo que es cultural es bueno. Yo aún recuerdo cuando era aceptable que un hombre le pegara a “su mujer”. Y recuerdo cuando los canales de televisión permitían chistes despectivos y estereotipadores contra inmigrantes que venían de Cuba a buscar trabajo a Puerto Rico. También recuerdo cuando era aceptado en general, que las personas de piel oscura, o negra, sólo participaran en novelas como sirvientes o caracteres ridículos. Todo esto era aceptado generalmente, sin embargo, eso no lo hacía menos doloroso, humillante e insultante contra las comunidades entonces afectadas.

No me sorprendieron las declaraciones de mi amigo Alex Soto, primero, las televisoras son una de sus fuentes de ingreso, segundo es difícil que un artista al que han tratado de censurar, apruebe la censura. Pero tercero y más importante, estoy seguro que el (al igual que yo) en algún momento nos hemos intentado de re-apropiar de la palabra pato y re-significarla como acto de sobre-vivencia. Sería importante, sin embargo, explorar que sintió Alex la primera vez que la oyó en contra suya, a los 10, 11 o 12 años. Para mí fue devastante, desmoralizante y humillante, sobre todo cuando en aquel entonces no era consciente de tener ninguna orientación sexual. Ahora, después de una larga vida y madurez, yo puedo enfrentar personas que me digan pato, y aún sostener una conversación con esas personas. Pero a los 11 a los 12, a los 13 recuerdo desear la muerte, recuerdo el dolor y miedo de ir a la escuela, todos los días, cuando entraba, cuando salía, cuando cambiaba de un salón de clases a otro. Recuerdo el desespero por que me aceptaran amistades y la lucha contra ese sentimiento de desesperanza y de inferioridad que se me recordaba cada día, cada momento que yo escuchaba la palabra pato.

Es este uso constante que hace a maestros y maestras sentirse impotentes observando cómo un buen estudiante baja las notas día a día o deja de asistir a la escuela, es la preocupación de una madre que ve a su hijo llegar con un ojo hinchado y no puede obtener explicación de porqué. La angustia de padres que ven a su hija cambiar de una niña sociable a una introvertida que llega a la casa y se encierra en su habitación, sin amistades. Es el hermano que se hace el sordo cuando a su hermana le gritan pata en la escuela, para que ella no se sienta mal, mientras ella finje lo mismo para que él no se sienta mal, pero ambos saben. ¿Cómo continuar divirtiéndote en el parque con tus amigos si alguien pasó y te gritó pato frente a todos?

Es esta historia de la palabra pato la que tenían los ejecutivos de la televisora y Santarrosa frente a ellos y es precisamente esta historia la que los medios, y el mismo Kobbo invisibilizaron al convertir el issue en una riña personal entre Pedro Julio y Kobbo. La única opción ética para la televisora era comenzar a contribuir a crear un ambiente edificante y erradicar de su vocabulario una palabra que ellos saben que ofende, hiere y humilla a un gran sector de la población. A mí me alegra que Joe Ramos haya tomado esa decisión antes de que interveniera la agencia Federal FCC. Creo que el proceso de educación es mejor cuando las decisiones se toman en ausencia de censura del estado.

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Buchi y los Peligrosos Encantos de la Moral

El compañero Rafael Antonio Ruiz Ayala ha publicado este excelente ensayo problematizando el uso de argumentos “morales” en el trabajo político. Ha sido un honor que me permitiera reproducirlo en este blog. Pienso que su argumento es impecable.

Buchi y los Peligrosos Encantos de la Moral

Por Rafael Antonio Ruiz Ayala

En meses recientes, la moral y la decencia se han convertido en punta de lanza para algunos activistas “en representación” de las comunidades LGBTT de Puerto Rico. Fue la compañera Cecilia La Luz quien dio el primer aldabonazo al utilizar su revista Conexión G para hacer un exposé condenatorio de las poblaciones dentro de nuestra comunidad, mayormente hombres homosexuales y transexuales, que tienen relaciones sexuales en espacios públicos. En las últimas semanas de marzo y principios de abril se agudiza la controversia con el principal transformista de Puerto Rico, Kobbo Santarrrosa por el reclamo de las comunidades LGBTT por un detente a la homofobia descarnada y casi con ribetes de violencia que deplegaba como parte estándar de su programa de comedia, acompañado por el también homofóbico y veterano luchador anti independentista del exilio cubano de derecha, Héctor Travieso.

Si bien el reclamo y el reto a la legitimitidad social de la homofobia televisada fueron generalizados, no fueron iguales los discursos que utilizaron los diversos actores para fundamentar su oposición a La Comay. Entre dichos discursos diversos estuvo el discurso moralista, para mi sorpresa a través del compañero Pedro Julio Serrano, artífice de la estrategia fundamentada en la queja a la FCC sobre el uso de palabras “indecentes, inmorales y ofensivas” en la televisión (en contraste con la estrategia de la movilización y la protesta en Puerto Rico.)

Afortunadamente el discurso del editorial de Conexión G no tuvo eco en la comunidad ni fuera de ella (aunque en el futuro en WKAQ Radio sería fatal). Por otra parte, la reacción de indignación nacional en cadena que produjeron las virulentas expresiones de Kobbo al día siguiente del anuncio oficial de la campaña de querellas, tuvo el feliz resultado de que nos pudiéramos sacar a Santarrosa de encima, por lo menos por el momento, sin que tuviéramos que depender de la decisión que los americanos tomasen al respecto.

La rendición de Kobbo ocurrió justo a tiempo, porque el día que nos dijeron patos y asquerosos en WAPA, en la Cámara los religiosos de derecha fueron cogidos con las manos en la masa, al descubrirse (y potencialmente abortarse al menos por un tiempo) el plan de volver a radicar la Resolución 99, plan que ante las realidades del tablero político en ese cuerpo legislativo sólo puede tener como propósito el desviar nuestra atención de lo que verdaderamente les preocupa a los amigos de la FRAPE: la mera posibilidad de que el Proyecto Anti Discrimen 1725 vaya a vistas públicas en el Senado. Por eso pretenden colgarlo en la oscuridad de la noche, por la fuerza de sus alianzas con algunos senadores (Rivera Schatz, Carmelo Rios y Kimmey Rashke). Saben ellos y saben los honorables senadores que no tienen argumentos que puedan esgrimir en contra de él frente a las cámaras de televisión.

Hoy leo con sorpresa que en esta coyuntura política tan importante, el compañero Pedro Julio Serrano ha decidido, en función de una evaluación hecha exclusivamente por él, que el personaje “Buchi” debe dejar la televisión puertorriqueña, por lo cual ha llamado al comediante que lo interpreta para increparle sobre el tema.

La moral es como Circe, que seduce con sus encantos para atrapar en sus redes. Habla desde el poder y apela al establishment, a lo que tenemos en común con los guaynabitos heterosexuales y republicanos. La moral nos blanquea: permite fundamentar nuestros reclamos en lo mucho que nos parecemos a ellos, en lugar de la más difícil tarea de mover al respeto por la diversidad, la diferencia y la aceptación de las consecuencias no deseadas de nuestra injusta marginación social. Jugar la carta de la moral como arma a favor de nuestra comunidad es una movida peligrosa porque legitima la estructura de poder que pretende combatir al utilizar sus armas. También lo es por la tendencia de la moral a justificar la censura, censura que ha sido piedra angular en la estrategia de las mayorías de aplastar a las minorías, eliminar la diversidad y estrangular el pensamiento crítico.

Se olvida por algunos que el fundador de los movimientos para redactar querellas en la FCC (y hasta los otros días su cara pública) fue el Reverendo Milton Picón a través de su organización Morality in Media y que fueron los argumentos sobre moralidad e indecencia los que fundamentaban las redadas, las perreras y el cierre de establecimientos, como por ejemplo, la primera tienda de jugetes y libros sexuales que abrió la compañera Cristina Hayworth para los 70. Con ese provenance, se impone la cautela a la hora de posicionarse públicamente sobre asuntos de moralidad, en particular cuando el posicionamiento pudiera legitimar argumentos que tradicionalmente han sido utilizados eficazmente contra nuestras comunidades, el cuestionamiento es de escaso valor estratégico o tiene el potencial de generar conflictos con valores fundamentales de sectores tradicionalmente aliados (i.e. los artistas y escritores) y cuando divide ideológicamente a la comunidad al traer a los federales para que sean ellos los que dominen la escena.

Esto me lleva de vuelta a “Buchi”, personaje que he visto solamente unas veces en la televisión, pero que como los personajes gays de los compañeros Víctor Alicea Johnny Ray y Alex Soto, son personajes con los que el público se identifica, no personajes hechos para ridiculizar a una parte del público, como lo hace la Comay. Tomás Rivera Schatz ha dicho recientemente, en defensa de sus posiciones homofóbicas, que algunos activistas dentro de nuestra comunidad son los que más discriminan.” Rivera Schatz, que es un HP pero no un idiota político, percibe un flanco débil cuando escucha a activistas fundamentando su justificada indignación sobre algún asunto en función de los dictados de la decencia, al igual que hacen nuestros opositores. En particular cuando no hace falta, porque, con sus luces literarias y su falta de ellas, “Buchi” no es “la Comay ” ni su intérprete es Santarrosa. Igualmente debemos recordar que el cambio social no puede estar fundamentado principalmente en la coerción de la expresión sino en el convencimiento colectivo que transforma la expresión.

En Puerto Rico hemos avanzado cada vez que hemos ampliado el convencimiento colectivo de que el discrimen es inaceptable. Ese convencimiento colectivo empieza a incluir el convencimiento en numerosos e influyentes sectores de que las personas LGBTT debemos tener garantizado el derecho a poder trabajar en igualdad de términos con otros trabajadores. Y de que hace sentido económico que así sea. Por eso los honorables rehusan convocar vistas públicas sobre el 1725 y por eso necesitamos insistir en ellas para desenmascarar su cobardía y su mala fe. En el camino a la confrontación con el Senado y nuestra emancipación laboral, oponernos a que “Buchi” pueda trabajar en paz es una distracción innecesaria y contraproducente.

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